Jueves 26 de febrero a las 11h
Velázquez no dejó nada escrito; su pensamiento lo encontramos en su pintura y en la extraordinaria biblioteca que reunió a lo largo de su vida. Dueño absoluto del espacio bidimensional, entendía la geometría casi como un lenguaje sagrado, estudiando a Euclides y a Pitágoras no sólo como matemáticos, sino como pensadores místicos.
En sus primeras obras ya demuestra una técnica brillante y una clara intención de comunicar dos planos a la vez: el terrenal y el celestial. El Aguador de Sevilla convierte un simple vaso de agua en símbolo de deseo, poder y fragilidad humana, mostrando cómo lo cotidiano puede transformarse en reflexión universal.
Su imaginario dialoga también con saberes antiguos y espirituales: la geometría egipcia, Tebas, los primeros ermitaños cristianos o la simbología de obeliscos y pirámides aparecen como ecos culturales que Velázquez conocía y reinterpretaba. En obras como San Antonio Abad y San Pablo ermitaño se percibe esa unión entre misticismo, paisaje y silencio interior, invitándonos a mirar más allá de lo visible.
Detalles
- Precio: 25€
- Duración: 1h
- Capacidad: 1 - 10
