Vivimos rodeados de imágenes, pero son pocas las veces que nos paramos para contemplarlas. Pasamos de otra, sin detenernos a ver lo que tenemos delante. Algo similar ocurre dentro de las salas de los museos: salas repletas de gente, recorridos marcados, listas de “imprescindibles”, pero el arte no se puede comprender desde la prisa.
La importancia de detenerse ante la obra
Mirar despacio es algo sencillo y poco habitual en este mundo en el que estamos rodeados de estímulos. Detenernos un tiempo delante de una obra nos permite observar ese gesto, esa mano, ese detalle que, al pasar la vista rápidamente, quizá no habríamos percibido. Cuando paseamos despacio por un museo, el espacio se convierte en un lugar de encuentro, donde uno se encuentra con las obras y realmente las conoce. La obra deja de ser solo una imagen y se convierte en algo vivo, con lo que poder dialogar.

Otra forma de entender la cultura
Defender una visita lenta significa también defender una forma distinta de acercarse a la cultura, a la que no estamos acostumbrados. De ese modo se escucha, surgen preguntas y se comprende que hay cosas que no se entienden a la primera. En ese tiempo aparece lo verdaderamente valioso al observar el arte: la emoción, la memoria y la conexión personal. No se trata de verlo todo, sino de aprender a mirar.

La mirada lenta como filosofía en Voilàrt
En Voilàrt creemos en esa forma pausada y consciente de acercarse al arte. Por eso diseñamos experiencias que invitan a detenerse, a mirar y a redescubrir los museos sin prisa, despertando la curiosidad, la conversación y disfrutando, por momentos, del silencio. Porque el arte no necesita velocidad, sino atención.

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